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Inmaculada TapiaMadrid, 18 dic (EFE).- Las salas de microteatro mantienen el pulso al formato clásico con historias de quince minutos, para quince espectadores, en quince metros cuadrados. Un modelo tan consolidado que la Real Academia Española (RAE) ha incorporado la palabra 'microteatro' al Diccionario de la Lengua Española (DLE) en su última actualización."Formato teatral en que las obras tienen una duración breve y se representan en espacios pequeños ante un número reducido de espectadores", reza la definición de la RAE sobre un modelo que explosionó en España a raíz de la crisis financiera, como consecuencia de la caída de público y recaudación, pero que ha superado su objetivo inicial de buscar nuevas audiencias a precios asequibles.Teatro breve con contenido, donde se condensa la emoción, y en el que Samuel Beckett o Bertolt Brecht abrieron un camino que han seguido a lo largo de tres lustros Juan Mayorga, Felix Sabroso o los Javis."En el teatro conviven distintos lenguajes y uno no es más importante que otro", asegura a EFE el dramaturgo y director del Teatro de La Abadía, Juan Mayorga, quien exploró este formato en 'Teatro para minutos' (Ed. Uña Rota) y defiende que puede ser "extraordinariamente complejo, hondo y emocionante".Mayorga incide en que explorar esos formatos singulares es un campo de indagación extraordinario. "No hablamos de un formato de división inferior. Una pieza de 15 minutos puede tener una extraordinaria complejidad; el valor de una obra teatral no depende de su extensión, sino de su intensidad", argumenta.Considera que no hay un extensión ideal y afirma que en ese tipo de salas se producen experiencias teatrales muy interesantes "constelaciones imprevistas, donde una pieza resignifica a otras".Verónica Larios es socia fundadora de 'Microteatro por dinero', un espacio que nació en 2009 en el local de un antiguo prostíbulo madrileño, donde sus 13 habitaciones se convirtieron en salas para albergar 13 piezas teatrales al mismo tiempo, con un mismo tema: el dinero.Una multiplicación de relatos que llamó la atención por su dinamismo. Un año después, los creadores trasladaron la experiencia de la calle Ballesta de Madrid a una antigua carnicería en la aledaña calle Loreto y Chicote donde hoy permanece ese espíritu: obras de corta duración (15 minutos), para un público reducido (máximo 15 personas por sala), en 15 metros cuadrados, representadas en sesión continúa hasta siete veces al día. "Queríamos convertirlo en el Soho madrileño", aunque, según remarca a EFE Verónica Larios, se ha desvirtuado mucho la palabra microteatro, denominando como tal propuestas que no lo son.Un concepto que llegaron a exportar a Miami (EE. UU.), donde se montaron nueve contenedores que hicieron las veces de pequeñas salas, una experiencia en la que participaron Espido Freire, Alexis Valdés o Roberto Mateos, entre otros.Las obras siempre giran sobre un mismo tema, detalla Larios, con distintos puntos de vista y mucha flexibilidad horaria, ya que cada pieza se representa entre cinco y siete veces el mismo día. "Aunque entren 15 personas por pase, se multiplica por muchos espectadores, porque se puede estar representando años", incide la programadora, que lo define como un formato atractivo para un público "habituado al teatro, que quiere ver formatos diferentes, además de para un espectador que quiere probar" y ver teatro a módico precio entre 4,50 y 5 euros."Tú decides el tiempo que quieres pasar en el teatro. Cada entrada se adquiere de forma individual para la pieza o el autor que se quiera ver", subraya Larios. Un total de 3.000 obras programadas, 2.000 intérpretes, 1.200 dramaturgos, 1.000 directores y 937.000 espectadores han pasado por su espacio en el que se han curtido actores y directores como Álvaro Morte, Belén Cuesta, Félix Sabroso, los Javis, Aura Garrido, Rodrigo Sorogoyen, Aixa Villagrán, Ana Rujas, Silma López, Daniel Sánchez Arévalo o Brays Efe. Pero ellos no son los únicos ni en la ciudad ni en España. El formato se exportó y triunfa en Argentina, México, Estados Unidos, Perú o República Dominicana. Sus espacios se convierten en semilleros artísticos, un punto de encuentro para creadores y el lugar de lanzamiento de nuevos talentos."Es una manera de abrir camino a nuevas compañías, una forma de crear más económica y más sencilla, con la posibilidad para los autores de experimentar y poner sus ideas frente al publico", concluye Larios.