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Inmaculada Tapia Madrid, 18 nov (EFE).- El Teatro Real acoge por primera vez la versión de 'El lago de los cisnes' del coreógrafo y director Matthew Bourne, que reinventó este clásico del ballet al incorporar cisnes masculinos y en el que un atormentado príncipe sustituye a la princesa encantada. "Sabíamos que teníamos una buena idea, pero nunca podría haber soñado el impacto que ha tenido en todos nosotros y en el público", explica a EFE Matthew Bourne, que asegura que ni él ni su equipo imaginaron que su versión alcanzaría el éxito logrado. Del 19 al 22 de noviembre la compañía británica New Adventures celebra el 30 aniversario de uno de los estrenos más revolucionarios en el mundo de la danza con 'El lago de los cisnes: la nueva generación', que reinterpreta el clásico de Chaikovski y lo convierte en un relato rompedor que ha obtenido un gran número de galardones.Entre ellos, el premio Olivier a la mejor producción (1996) y tres premios Tony: mejor director de musical, mejor coreografía y mejor vestuario (1999), creado por Lez Brotherston. Bourne construye una historia que muestra al protagonista frustrado al no poder dar rienda suelta a sus deseos, en un entorno asfixiante, sentimientos que se acentúan cuando aparece el cisne blanco, poderoso, fuerte y seductor; un drama que se convierte en un análisis de la masculinidad en la sociedad actual. Cuando se propuso coreografiar este clásico, en el que no se modifica la partitura original, Bourne asegura que sintió que tenía que hacer algo diferente, "porque somos una compañía de danza contemporánea". Recuerda que la idea de cisnes masculinos la tenía en la cabeza mucho antes de comenzar la coreografía. "Era como soñar despierto, parecía realmente emocionante y cuanto más profundizábamos en ella, más interesante se volvía, desde un punto de vista psicológico".Considera que es una pieza que conmueve a la gente porque "tiene un mensaje global sobre la aceptación" y sobre la pérdida. "Son temas universales que nos tocan a todos".El coreógrafo lamenta el "abandono" que sintió cuando estrenó en 1995 esta historia de amor homosexual a partir de un ballet clásico. "Creo que a veces se subestima lo lejos que hemos avanzado con ella". "Había hombres que no podían soportar a un cisne macho bailando con el príncipe. Creo que fue un gran 'shock' para el público que no sabía lo que estaban viendo, nunca se había hecho nada igual", pero incide en que con el paso de los años las actitudes han cambiado."Ya no nos enfrentamos a ese problema" porque -añade Bourne- al espectador le resulta "alentador" que se cuente una historia sobre un joven que no sabe cuál será su futuro, quién es o cuál es su sexualidad.El bailarín Adam Cooper fue el primero en representar esta versión, su interpretación ha significado que "muchos de los bailarines que participan en el espectáculo y vieron esa primera producción hayan querido convertirse en bailarines", dice. Bourne subraya que la generación que forma la compañía mantiene las piezas frescas, lo que significa que el público obtiene una experiencia diferente cada vez. Una pieza con la que asegura que han tenido "experiencias maravillosas" como actuar ante la reina Isabel II o compartir vivencias con "mi heroína Julie Andrews" al estrenar en Broadway; además, no hay que olvidar que fue la última secuencia de la película 'Billy Elliot', película de la que Bourne fue coreógrafo.Bourne, que ha realizado adaptaciones innovadoras de 'Cascanueces', 'Romeo y Julieta' o 'La bella durmiente', confirma que el ballet clásico es la base de su inspiración, pero advierte que "a veces podría avanzar con los tiempos un poco más rápido. Con gran dirección, diseño e ideas los clásicos más populares funcionan muy bien en el siglo XXI".